El patito feo (cuento corto)

El patito feo (cuento corto) es una historia llena de valores deseables para nuestro hijos.

Entre ellos, la importancia de no discriminar a las personas por su apariencia y a saber ver la belleza interior, además de resaltar la equidad como valor fundamental.

El cuento del patito feo

Érase una vez, una adorable familia de patos que vivían muy felices en una granja.

Mamá pato estaba incubando 7 huevos que estaban a punto de romperse para dejar salir a 7 hermosos patitos bebés.

Una cálida tarde, los huevos por fin, se rompieron. Mamá pata estaba muy emocionada.

Uno a uno, los patitos comenzaron a nacer. Graznaban alegremente y caminaban hacia mamá.

Cuando mamá pato contó seis polluelos, se dio cuenta que aún faltaba uno por nacer.

El huevo era diferente a todos los demás, más grande y más oscuro. Sin embargo, mamá pato no le dio importancia y decidió esperar.

Unos minutos después, el huevo comenzó a tambalearse. De pronto, unas patitas largas se abrieron paso a través del cascarón.

Parecía un huevo con patas, era una imagen muy curiosa.

Por fin, la cabeza se asomó. Confundido, el patito empezó a girar con todo y cascarón.

Su madre y sus hermanos lo miraban con mayor confusión y asombro. No daban crédito a lo que sus ojos veían.

Notaron inmediatamente que, este patito no se parecía en nada a los demás.

Su cuerpo era mucho más grande y sus plumas eran grises y blancas.

Cuando por fin pasó el asombro, los otros patitos comenzaron a reírse de su hermano.

—¡Qué patito tan feo eres! ¡No te pareces en nada a nosotros! —Le gritaron cruelmente.

—¡Eres el patito feo! —Señalaron todos los patitos al unísono.

Mamá pato sólo atinó a decir: —N-n-no lo entiendo. ¿Por qué eres tan diferente?

Sin embargo, una madre siempre ama a sus pequeños y aceptó a este patito igual que a sus hermanos.

Tiempo después, el patito feo creció mucho más que el resto. Su plumaje también era distinto al de sus hermanos.

Estas diferencias entristecían mucho al patito, pues sus hermanos no paraban de burlarse de él y de hacerlo a un lado.

—¡No jugaremos contigo porque eres feo! —Le decían mientras se reían de su aspecto.

Mamá pato, en cambio, era muy amorosa con él y trataba de protegerlo de sus hermanos.

A medida que pasaban los días, el patito feo se sentía peor.

Todos los días lloraba al pensar que nadie lo quería.

—¿Por qué no soy como mis hermanos? —Pensaba.

Los demás animales también se reían de él.

—Incuso yo soy más guapa que tú. —Dijo la gallina.

Eso puso muy triste al patito feo.

—Nadie me quiere aquí. —Pensó—. Sería mejor si me fuera.

Esa mañana, el patito feo salió de la granja. Nadó al otro lado del lugar y le hizo la misma pregunta a todos los animales con los que se cruzó en el camino:

—¿Conoces a algún pato que se vea como yo?

Recibió la misma respuesta de todos ellos: —Nunca antes había visto a un pato tan feo.

El patito feo anduvo y anduvo por el camino, hasta llegar a un hermoso y sereno lago.

—Bueno, si nadie me quiere, este será mi nuevo hogar.

Pasó el tiempo y aunque el patito estaba sólo, aprendió a vivir feliz sin nadie que se burlara de él, ni lo menospreciara.

Cierto día, vio una bandada de aves hermosas de cuello largo volando hacía el sur.

—¡Qué hermosos son! —Pensó— ojalá pudiera ser como ellos.

El invierno había llegado y la nieve comenzaba a caer.

Un día, casi se congela en el lago, si no es porque un granjero lo recogió y le dio refugio en su casa.

Así pasó el patito el crudo invierno, sin embargo, nunca pudo superar la idea de que era muy feo y que nadie lo quería.

Así que también abandonó el hogar del granjero.

El patito vagó por el campo, admirando la bella escena que la primavera le regalaba con sus primeros cálidos rayos de sol.

Una vez en el lago, antes congelado, miró su reflejo en el agua y se sorprendió grandemente de lo que vió.

Al principio no pudo reconocerse a sí mismo, pensó que había alguien más.

Pero entonces, miró fijamente su reflejo y se dio cuenta que era como esas aves de cuello largo y elegante y hermosas plumas que había visto volar en el invierno.

—¡Oh! ¡Cuanto he cambiado! —Exclamó lleno de gozo.

Nadó en el estanque y muchos animales se detuvieron a observarlo y admirarlo.

—¡Qué hermosa ave! —Decían todos al unísono.

El patito nunca se había sentido tan admirado y respetado. ¡Estaba feliz!

Mientras nadaba en el lago, se topó con un grupo de cisnes.

Lo miraron fijamente y le dieron la bienvenida al grupo.

Volaron juntos y cuando pasó por la granja que solía ser su hogar, el patito feo, es decir, el hermoso cisne miró hacia abajo y ahí vio a su familia.

Su hermanos lo reconocieron inmediatamente, lo miraron llenos de asombro y vergüenza por haberlo tratado tan mal.

Entre esas miradas, reconoció la de su madre, quien siempre lo vio con amor y creyó desde el principio que él era hermoso, sin importar lo que los demás dijeran.

Se sonrieron cálidamente y ambos supieron que aunque ahora él pertenecía a su nueva familia, siempre habría un espacio en el corazón de ambos, para albergarse mutuamente.

FIN

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