Cuento de los tres cerditos

El cuento de los tres cerditos ocupa un lugar indiscutible en los cuentos clásicos que encantan a los pequeños.

Las primeras apariciones del cuento de los tres cerditos fueron en el siglo XIX, pero como muchas otras historias, se volvió famoso a partir de la versión de Walt Disney de 1933.

Los tres cerditos

En lo más profundo de un hermoso bosque, vivían tres cerditos.

Eran hermanos y se cuidaban entre ellos.

Toda su vida habían vivido en el mismo lugar sin temores ni preocupaciones, sin embargo, un día todo cambió.

Habían rumores de que un feroz lobo frecuentaba el bosque en busca de presas para comer.

Por lo que los cerditos, temerosos, platicaron sobre lo que debían hacer.

—¡Ya sé! —dijo el mayor.

—¡Hagámonos una casa para cada quién y así estaremos seguros!

—¡Gran idea! —contestaron los otros dos hermanos.

—¡Manos a la obra! —dijeron los tres al unísono.

El primer cerdito era el mas perezoso de los hermanos, así que decidió hacer una casa de paja, la cual terminó rapidísimo y luego se puso a descansar.

El segundo cerdito quería una casa más resistente que la de su hermano perezoso, así que se le ocurrió hacerla de madera.

Tardó más tiempo en construirla, sin embargo, la acabó en menos de un día. Después de eso, también se puso a descansar.

El tercer cerdito, era el mas trabajador, él quiso hacer una casa muy segura y resistente, sin importar cuánto tiempo le tomara hacerla.

Así que decidió hacerla de ladrillo y cemento. Tardó tres días en construirla.

Sus hermanos se burlaban de él porque mientras él trabajaba duro, ellos disfrutaban de un placentero descanso.

Cuando finalmente las tres casitas estuvieron terminadas, celebraron y cada uno se metió en la suya.

El lobo feroz, que pasaba muy cerca del lugar, los escuchó y de inmediato puso en marcha su plan para devorarse a los cerditos.

—¡Cerditos! ¡me los voy a comer uno por uno! —pensó el lobo.

Primeramente se dirigió a la casa de paja que había construido el primer cerdito.

—¡Ábreme la puerta cerdito! ¡ábreme o soplaré y soplaré y la casa derribaré! —gritó el lobo feroz.

—¡Lobo malo! ¡ya te puedes ir porque la puerta no te he de abrir!» —refunfuñó desde el interior el primer cerdito.

Entonces, el lobo sopló con fuerza y derrumbó la casa de paja sin mucho esfuerzo.

El cerdito asustado, corrió lo más rápido que pudo a la casa del segundo cerdito, hecha de madera.

El lobo corrió detrás de él pero no pudo alcanzarlo. Al instante les gritó:

—¡Cerditos! ¡ábranme la puerta o soplaré y soplaré y esta casa también derribaré!

Los cerditos, sintiéndose seguros en la casa de madera, le contestaron:

—¡Ni hablar lobo malo! —gritaron al unísono— ¡Ya te puedes ir porque la puerta no te hemos de abrir!

El lobo entonces, sopló con más fuerza que la vez anterior, hasta que las paredes de la casita de madera no resistieron y cayeron.

Los dos cerditos aterrorizados, corrieron a la casa de ladrillos que construyó su hermano y por poco los atrapa el lobo, pero lograron escapar.

El lobo estaba ahora realmente enfadado y decidido a comérselos de una vez por todas.

Nuevamente el lobo les gritó desde el exterior:

—¡Cerditos! ¡ábranme la puerta o soplaré y soplaré y esta casa también derribaré!

Los tres cerditos, sintiéndose seguros desde el interior de la casa de ladrillos, le contestaron al lobo:

—¡Ni hablar lobo malo! ¡Ya te puedes ir porque la puerta no te hemos de abrir!

Entonces el lobo sopló y sopló hasta quedarse sin aliento pero la casa de ladrillos era muy resistente, por lo que sus esfuerzos eran en vano.

Pero el lobo no se rindió. Trepó al techo con la intención de entrar por la chimenea.

Una vez en el techo, se dejó caer por la chimenea, saborándose el festín que estaba a punto de comer. O eso pensaba él.

Los cerditos habían colocado un caldero con agua hirviendo para recibir al lobo feroz.

El lobo, cuando cayó en el caldero, lanzó un aullido de dolor al mismo tiempo que salió por la chimenea de la misma forma que había bajado.

Los dos cerditos, agradecieron a su hermano por haberles salvado la vida gracias al trabajo tan duro que había realizado al construir la casa de ladrillos.

También le pidieron perdón por haberse burlado de él por trabajar tanto.

Éste los regañó por haber sido tan perezosos pero al ver que ya habían aprendido la lección, los perdonó.

Y así fue como vivieron felices por siempre, cada uno en su propia casita de ladrillos.

FIN

Comprar cuento de los tres cerditos

Si quieres comprar este bello clásico, aquí hay algunas opciones en Amazon México. O en su versión electrónica (kindle).

Si nos lees desde España, aquí las opciones en Amazon.es. Libro físico, libro electrónico (kindle).

Otros cuentos clásicos

Facebook Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

RSS
Follow by Email
Facebook
Facebook
Pinterest
Pinterest
A %d blogueros les gusta esto: