Cuento de Hansel y Gretel

El cuento de Hansel y Gretel es una historia de origen alemán, escrita por los hermanos Grimm y publicada en 1812.

Hansel y Gretel

Había una vez un leñador y su esposa que vivían en una cabaña en el bosque, junto a sus dos hijos: Hansel y Gretel.

Los padres trabajaban duro todo el día para poder llevar el pan a la mesa. así que un día, Hansel y Gretel decidieron agradecer ese esfuerzo haciéndoles un regalo especial.

Por lo que, al día siguiente, Hansel y Gretel se fueron muy temprano al bosque para cosechar las más jugosas manzanas y así cocinar un delicioso pastel para sus padres.

Como ésta era la primera vez que se internaban solos en el bosque, Hansel tuvo la idea de dejar un rastro de migas de pan, para poder encontrar el camino de vuelta.

Sin embargo, una vez que hubieron llenado sus canastas de manzanas, no encontraron rastro de las migajas de pan, pues las palomas, se las habían comido.

Hansel y Gretel caminaron largas horas por el bosque, intentando encontrar el camino a casa, hasta que se sintieron totalmente agotados.

Justo entonces, ante sus ojos, vieron una casita de ensueño, con el techo hecho de galleta, las paredes de mazapan, la puerta era de chocolate y los vidrios de las ventanas, de azúcar.

Se tallaron los ojos, incrédulos y enseguida, se lanzaron sobre la deliciosa casita de dulce.

Súbitamente, la puerta de la casa se abrió y vieron a una amable anciana salir a través de ella.

—¡Hola niños! ¿qué hacen aquí? —preguntó la anciana— ¿a caso están perdidos? —Los niños asintieron con la cabeza.

—Vengan dentro y les prepararé algo muy rico —les dijo.

La anciana alimentó muy bien a los niños, les ofreció una confortable y calientita cama donde descansar.

A pesar de esto, había algo en ella que no terminaba de convencer a los niños.

A la mañana siguiente, confirmaron sus sospechas cuando la amable anciana dejó de serlo y encerró a Hansel en un establo.

—Aquí te quedarás hasta engordar —le dijo la anciana.

Gretel se dio cuenta entonces de que no era una anciana sino una malvada bruja.

Pasaban los días y la bruja se empezaba a impacientar, pues Hansel no engordaba.

Esto se debía a la astucia del niño, quien cada vez que la bruja le pedía que sacara el dedo por debajo de la puerta para comprobar si estaba engordando o no, éste, sacaba un hueso de pollo, aprovechándose de la ceguera de la anciana.

Pero esta suerte no duro mucho, pues un día la anciana se desesperó y gritó:

—¡Gretel! ¡Ve rápido al establo a buscar a tu hermano! —La niña se quedó pasmada—. ¡Niña tonta! ¡no sabes hacer nada! ¡yo misma iré por él! —amenazó.

Entonces, cuando la malvada bruja abrió la puerta del establo, Gretel se apresuró y le dió un gran empujón, haciéndole una seña a su hermano para que se apresurara a salir.

Los dos pequeños se abrazaron y lloraron de alegría al ver que estaban a salvo.

Estaban a punto de marcharse de aquel horrible lugar, cuando tuvieron la idea de revisar la casa de la bruja.

Y menuda sorpresa se llevaron al encontrar canastas llenas de deliciosas frutas que se apresuraron a tomar para llevarlas a casa.

Al llegar a su humilde cabaña, sus padres corrieron a abrazarlos y llorar de alegría por su retorno.

Con la fruta que llevaron, hicieron las más deliciosas tartas para sus padres, quienes comieron dichosos.

Y nunca más volvieron a ver a la malvada bruja.

FIN

El cuento de Hansel y Gretel ha sido traducido a varios idiomas y se han realizado múltiples adaptaciones, en las cuales algunos hechos o personajes han sido modificados para adecuarse mejor a diversos contextos.

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