Alicia en el país de las maravillas

«Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas» fue escrita por el matemático, fotógrafo y escritor Charles Lutwidge Dodgson, quien bajo el seudónimo de Lewis Carroll, publicó la obra en 1865. 

Alicia en el país de las maravillas

El descenso por la madriguera

En un día soleado, Alicia estaba sentada junto a su hermana, quien leía un libro que le parecía de lo más aburrido.

—¿Por qué lees un libro sin dibujos ni diálogos? —le preguntó Alicia.

Su hermana estaba tan concentrada en la lectura, que ni siquiera le contestó.

Alicia suspiró, más aburrida aún.

Incluso pensó por un momento en quitarle el libro a su hermana y hacer que la persiguiera, para conseguir su atención.

Cuando estaba a punto de hacerlo, pasó corriendo un pequeño conejo blanco, vestido con chaqueta y chaleco, mirando su reloj de bolsillo.

—¡Es tarde! ¡debo apurarme! —diciendo esto, corrió hacia su madriguera y se metió.

Alicia, intrigada por la repentina acción, decidió seguir al conejo dentro de la madriguera. Se acercó lo suficiente para poder ver dentro de ella.

Cuando de repente, el agujero se abrió y Alicia cayó dentro, durante un tiempo que le pareció muy, muy largo.

—Me pregunto si este túnel me sacará al otro lado del mundo —pensó la niña mientras caía.

Finalmente, cayó de pie, sin hacerse daño, en una habitación grande y vacía.

La habitación tenía tres puertas de diferentes tamaños. Vió al conejo pasar por la puerta más pequeña, justo antes de cerrarse.

—Debo llegar al otro lado de esa puerta, pero ¿cómo lo haré? Es muy pequeña» —pensó.

Luego, vio una pequeña mesa en una esquina de la habitación. Se acercó y vio una pequeña botella con una poción rosada con la etiqueta «¡Bébeme!» adherida a ella.

Junto a ella había una pequeña llave del tamaño de la cerradura de la puerta pequeña.

—Creo que esta es la llave de esa puerta, me pregunto que pasará si tomo esta poción.

Y así, Alicia bebió el contenido de la botella y empezó a sentir algo extraño.

De repente, notó que la mesa se estaba haciendo más y más grande. —¿Qué me esta pasando? —exclamó.

La mesa no se hacía más grande, era ella quien se estaba encogiendo.

Cuando Alicia fue lo suficientemente pequeña para atravesar la puertita, dejó de encogerse.

¡En un mar de lágrimas!

Alicia corrió hacia la puerta, pero se dio cuenta de que la llave seguía sobre la mesa y que ahora no podía alcanzarla.

Miró por la mirilla de la puerta y pudo observar el más hermoso jardín que había visto jamás.

Mientras se lamentaba por no alcanzar la llave de la puerta, notó un pastel en una mesa igual de pequeña que ella, tenía la misma etiqueta de la botella: «Cómeme».

Intuyendo que el pastel la regresaría al tamaño necesario para alcanzar la llave, lo comió.

Al instante, Alicia empezó a agrandarse hasta alcanzar el techo de la gran habitación.

Entonces, pensó que nunca podría salir de ese lugar al tener ese tamaño, así que empezó a llorar desconsoladamente, lo que provocó que se formara un mar de lágrimas.

En las olas, alcanzó a ver flotando al conejo blanco, el cual dejó caer accidentalmente su abanico.

Alicia lo tomó para refrescarse, pero resultó ser un abanico mágico que la hizo encoger nuevamente.

Con su nuevo tamaño, Alicia tuvo que nadar para no ahogarse con el mar de sus propias lágrimas.

Llevada por el oleaje, Alicia pasó a través del cerrojo de la puerta y siguió luchando por su vida en un incesante y desesperante manoteo.

De repente, se dio cuenta que había llegado a la orilla del impetuoso mar y que estaba a salvo.

En la habitación del conejo blanco

Apenas se estaba poniendo en pie, cuando el conejo pasó de nuevo frente a ella. Esta vez estaba apurado por encontrar su abanico.

El conejo vio a Alicia y la confundió con una tal «Mary Ann» y le dijo:

—Tráeme inmediatamente mi abanico y mis guantes blancos que están en mi casa.

Alicia quiso decirle: —Pero es que yo…

—¿Sigues aquí? ¡anda a mi casa! —refunfuñó el conejo.

Alicia no quiso entrar en discusiones e hizo lo que el conejo le pidió.

Cuando llegó a la casa de éste, vio sobre la mesa su abanico y otro frasco pequeño con líquido en su interior.

—Mmm… este frasco no tiene ningún letrero. Me pregunto qué me hará.

Así que, motivada por su gran curiosidad, Alicia probó el contenido del frasco.

Al instante, ¡comenzó a crecer y crecer como la primera vez! Creció tanto, que llenó la habitación y un brazo le salía por la ventana.

—¡Oh no! ¿Por qué siempre me meto en estos problemas? —sollozó la niña.

Cuando el conejo llegó a su casa y vio aquella escena, corrió a buscar ayuda.

Poco tiempo después Alicia escuchó una multitud fuera de la casa, pero no podía ver a nadie, pues su cabeza estaba oprimida contra el techo.

—¿Quién está ahí? ¡Ayuda por favor! —les gritó a los nuevos visitantes.

De repente, unos pequeños pastelillos le fueron arrojados a través de la ventana. Como Alicia ya estaba acostumbrada a que todo lo que probaba en ese extraño mundo tenía un efecto en ella, comió los pastelillos esperando que le ayudaran.

Y así fue. Al instante comenzó a disminuir su tamaño.

—¡Aquí vamos otra vez! —pensó.

El consejo de una oruga

Alicia corrió fuera de la casa del conejo y tomó el camino que había andado.

—¿Alguna vez volveré a mi tamaño normal? —gritó en tono quejumbroso.

De repente, escuchó una voz decir:

—Un lado de mi hongo te hará crecer y el otro hará que te encojas.

Alicica volteó hacia el lugar de donde provenía la voz. Era una oruga sentada sobre un hongo.

Se apresuró a comer un pedazo del hongo, del lado que la oruga le señaló que le haría crecer. Alicia entonces volvió a su tamaño normal.

—¡Muchas gracias por tu ayuda oruguita! Ahora dime, ¿cómo puedo volver a casa?

—Ese camino conduce a la casa de la Liebre de Marzo —dijo una voz que no era de la oruga.

—¿Quién ha dicho eso? —preguntó al no ver a nadie más en el lugar—. Mira aquí arriba —dijo la voz.

Alicia vio a un gato de aspecto muy extraño trepado en un árbol y cuya risa resultaba un poco desquiciante, pero como ya estaba acostumbrada a las cosas más extrañas que pasaban en ese lugar, no dijo nada.

—Gracias gatito —le dijo mientras tomaba el camino hacia la casa de la Liebre de Marzo— Cualquier cosa menos regresar a casa del conejo grosero —dijo para si misma.

Una merienda de locos

Cuando por fin llegó, vio a la Liebre de Marzo y al Sombrerero Loco sentados a la mesa, tomando el té.

Alicia se les unió a la mesa. Entonces tuvo la conversación más extraña que había tenido jamás.

Confundida por la conversación sin sentido entre la Liebre y el Sombrerero, Alicia se marchó sin decir adiós.

El croquet de la Reina

Entonces, continuó caminando hacia el castillo de la reina . Al llegar, encontró a los jardineros apurados, pintando de rojo unas rosas blancas.

—¿Por qué pintan las rosas? —les preguntó.

—Porque la reina ordenó plantar rosas rojas y por equivocación plantamos rosas blancas. Si se entera ¡Nos hará cortar la cabeza!

En ese momento, las trompetas anunciaron el paso de la Reina de Corazones. El conejo blanco encabezaba el cortejo.

—Con razón tenía tanta prisa ese conejo grosero —pensó Alicia.

Si el conejo le parecía desagradable, la Reina lo era aún más.

Cuando la Reina vio a Alicia, le ordenó que jugara al croquet con ella.

—Si yo pierdo ¡ordenaré que te corten la cabeza! —dijo en tono imperativo.

Sin embargo, Alicia no tenía otra opción y aceptó el reto.

Se esforzó demasiado por perder, ya que la Reina era una terrible jugadora de croquet.

Cuando al fin terminó el juego:

—¡Ja, ja, ja! ¡perdiste! si yo quisiera, ¡daría la orden de cortarte la cabeza!

—Vaya obsesión que tiene con las cabezas de las personas —pensó Alicia.

¿Quién robó las tartas?

En eso, el conejo apareció y anunció: —La corte real está en sesión y tu serás juzgada —dijo señalando a Alicia.

—Pero, ¿por qué? ¡No he hecho nada! —replicó la niña.

—Has sido acusada de robar tartas de la cocina de la reina.

—Primero no sabes jugar al croquet y ahora ¿eres una ladrona? ¡Mereces un castigo! —intervino la terrible Reina de Corazones.

—¡Guardias! ¡Córtenle la cabeza!

—¡Esto es injusto, yo no he robado nada! ¡Por favor! —suplicó Alicia.

Al instante que los guardias con forma de naipe se abalanzaban sobre ella, Alicia sintió que alguien tocaba su hombro, era su hermana.

Todo fue un sueño

—¡Despierta dormilona! Te has dormido por el aburrimiento. Es hora de irnos.

—Vaya, ¡Pero qué sueño más extraño he tenido! —dijo aliviada.

—¡Te prometo que no volveré a decir que me aburren tus libros!

—¡Ja, ja, ja! Eres tan rara hermanita —le contestó su hermana, al tiempo que le tomó de la mano—. Vamos a casa.

FIN

Llena de simbolismos, «Alicia en el país de las maravillas» sin duda es una de las obras clásicas en la literatura no sólo infantil, sino universal.

Ha sido objeto de múltiples adaptaciones, algunas de las cuales conservan todos los elementos originales pero muchas otras, han modificado diversos elementos, como los personajes, las situaciones, escenas y capítulos completos desaparecidos.

Otros cuentos clásicos

Comprar mercancía de Alicia en el país de las maravillas

Existe una interminable lista de los más diversos diseños y objetos inspirados por esta obra clásica.

Desde libros, juegos, tazas, muñecos de peluche hasta todo lo imaginable, se pueden encontrar en amazon.

Aquí les dejo dos enlaces (enlaces de afiliado):

Amazon México.

Amazon España.

Facebook Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

RSS
Follow by Email
Facebook
Facebook
Pinterest
Pinterest
A %d blogueros les gusta esto: